La luz que me acompaña
Mientras escribo, me pregunto si la luz tenue y pálida de mi cuarto se cansa de permanecer inmóvil, observándome, medio inclinada, cada vez más vencida por la gravedad, sobre su parante metálico, corroído por la humedad que abunda en mi habitación. Recuerdo el día en que la adquirí. Me la presentaron como la novedad de las redes sociales. En mi cabeza, una buena luz me ayudaría a hacerme famoso. Hoy la pongo de espaldas y en modo cálido para evitar la fatiga visual. Esa luz que tantas veces ha alumbrado mi rostro sin quejarse. Me pregunto si estará tan cansada como yo de los días que parecen noches y de las noches tan largas. Ese accesorio de iluminación dejó de ser solo metal compacto y plástico: pasó a la lista de cosas inertes de mi dormitorio que, aunque inmóviles, me hacen compañía. He dado a luz muchas letras como estas. Por eso me pregunto: ¿se cansará más de darme luz o de hacerme compañía?