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Mostrando las entradas de abril, 2020

Me vuelvo viejo

Me vuelvo viejo... Ya no quiero canciones, ni primavera, ni oraciones; quiero un silencio, para este viejo que pierde el tacto de escribir versos, que se hace sordo de tanto oír, y que divaga por no quererse asumir. Quiero una carroza sin flores, quiero un sueño desahuciado, un ángel negro para mi muerte, una lágrima sepultada e inerte. Quiero que me absorba la tierra y renacer en su algorítmica dureza; como un árbol de peral, que, a finales de otoño, su fruto traerá.

Tu reflejo

Allí estoy... Mírame Tus ojos son mi reflejo Allí estoy... Abrázame Tu cuerpo forma mi cuerpo. Allí estoy... absorto contigo, como huella dactilar. Allí estoy... en ti, en todo. Mientras extrañas el universo de mi azar. Allí estoy, y tú estás aquí, porque te cargo en mis sueños, Porque te invoco en mis silencios, Porque mi alma es tan solo un perfil de tu reflejo.

Big Bang

Golpeas fuerte, como una caricia inesperada. Golpeas siempre, como moléculas expandiéndose dentro de mi alma. Golpeas incluso desde la distancia, como ese zumbido persistente que se instala lentamente en mis oídos hasta volverse imposible de ignorar. Golpeas… y estallas, como un magnífico Big Bang, y sin siquiera sospecharlo, vas sembrando vida en cada impacto. Te expandes como una onda infinita, hecha de partículas dispersas de todo aquello que te convierte en ti. Y ahí estás, siendo únicamente tú, irrepetible, quedándote en mi mirada como tinta imposible de borrar.

Boceto de tuyo

Te dibujé en mi alma mucho antes de verte, como se dibujan en el vientre del destino las líneas invisibles que luego llevamos en las palmas. Te dibujé así: arrancándome por instantes de la realidad, llenando de color mis días grises con el azul sereno de tu mirada. Te dibujé caminando a mi lado, sobre el lienzo incierto de un futuro compartido. Y hasta imaginé tu cintura hecha exactamente a la medida de mis brazos, para que al abrazarnos dejáramos de ser dos cuerpos y nos volviéramos un solo latido.