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Mostrando las entradas de junio, 2019

Una parte de mí

Alguien tiene una parte de mí que jamás volverá. Alguien supo quedársela con la paciencia silenciosa de la garúa que lo empapa todo, con una ternura suave como la seda, capaz de comprender incluso aquello que ni yo sabía explicar de mis defectos. Alguien tocó mis heridas con la delicadeza con la que se sostiene el cristal roto cuando aún existe la esperanza de repararlo. Alguien tomó la palabra “amor” y la bautizó con su propio nombre. Y aunque esa parte de mí ya no me pertenece, nunca he querido recuperarla. Porque ese alguien… eres tú.

La cuenca

Antes de ti, creo que mi alma dormía en el silente ruido de un ayer estéril, que, mientras te esperaba, fue gastando besos y veranos que hoy me destierran como un sueño cansado de sufrir. Y te vestí en mi mente antes de que aparecieras, con besos infinitos y caricias que parecían mariposas. Te perfumé de futuro, como una profecía que apenas asoma su destino a pasos largos. Mientras tanto, aprendía a engañar a la herida con alegrías prestadas, con sonrisas que no eran mías, hasta que apareció tu alma cargando entre sus brazos la forma más pura de felicidad. Y hoy eres la cuenca madre de todas las fantasías que mis años habían dejado en silencio. Y, sin embargo, no entiendes que todo cobró sentido por ti, incluso lo más amargo que tuve que beber. Y aun así, te vuelves imprecisa en mi presente, escapando de las huellas de mis dedos que todavía insisten en encontrarte.