Fotografía

Te miro
con tu camisita celeste floreada
y esa tacita roja entre las manos.

Me miras desde la foto
con tus ojitos cafés,
que aún no conocen las lágrimas de amor
ni saben quién soy,
pero ya guardan ausencias cristalizadas.

Te miro
y me miras.

Tu sonrisa de escena,
abierta y luminosa,
quedó suspendida en ese instante,
como si todo fuera perfecto.

Tu piel tersa, color canela,
todavía no conoce los surcos del tiempo
en ese rostro pequeño:
las orejas amplias,
la nariz de cálida simetría.

Tu cabello lacio aún no sospecha
que un día llegarán los rizos
y, en la adolescencia, la escasez.

Te miro desde el celular
con estos ojos que fueron tuyos
y que han visto tanto
que ya se cansaron.

Perdóname, pequeño,
si ves romperse el hielo del alma
en mi mirada.

No puedo disimular
que han pasado treinta años
desde aquella sonrisa.



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