Garúa
Mi cabeza convulsiona.
El frío de afuera no deja concentrarme; se escabulle por los agujeros de las puertas mal cerradas y sube por las aberturas del ruedo de mi pantalón.
Todo es un círculo vicioso.
El sueño me adormece.
Tú entiendes lo que quiero decir. Ahora mismo sé que divago.
Últimamente el clima está equivocándose demasiado.
En invierno, el sol salió más que el verano pasado y, ahora mismo, que es primavera, no ha dejado de garuar en todo el día.
La ciudad se ha perfumado de tierra mojada,
se ha calzado de barro
y se ha vestido de charcos.
Calles llenas de gente triste, como yo,
que ama la lluvia,
pero odia limpiar lo que ensucia.
Trenes mojados,
parabrisas empañados,
ciudad de lodo y cemento mal labrado.
Y, en medio de todo, yo, caminando,
rumbo a cumplir la rutina
como una hormiga obrera.
Nadie distingue el llanto
entre tanta garúa que lo oculta.
Y, al pasar las horas,
el frío se ancla en mis pupilas dilatadas.
Mis manos entumecidas se esconden
en las hendiduras de mi casaca desteñida.
Mi cabeza convulsiona,
Y ahora mismo,
para no sentir el frío,
pienso en ti.
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