Sinfonía de un espacio vacío
Hoy vivo aquí, a kilómetros de lo que antes llamaba hogar. Una silla amarilla, un televisor de veintiún pulgadas, una mesa descascarada y un techo que no alcanzo se vuelven ojos y me observan, como quien vigila mis actos. Son las doce del mediodía y me aferro a la cama. El teclado de mi laptop obedece a mis manos mientras escribo sin saber el motivo ni aquello que realmente busco. Unos audífonos en mis oídos me acercan a Silvio, a Aute y a Milanés, y floto simplemente… Entonces, el espacio vacío de ese alguien que se quedó en algún lugar empieza a pesar más que todo el concreto que me rodea. Una lágrima nace en mis ojos al escuchar Qué hago contigo de Silvio. ¿Habrá alguien que entienda lo que causan las canciones? Pueden elevarnos en sus notas hasta el rincón más lejano de la vida, o desenterrar memorias antiguas con una precisión devastadora: te apedrean el alma o la acarician como plumas haciendo cosquillas en los nervios. Tanto tiempo escribiendo y yo envejezco, pero mis letras no...