Pequeña amiga desconocida

Te lanzo estas palabras sin mesura.
Me miras sin mirarme.
No sabes que existo.
No escuchas mis aullidos.
Pero estás ahí:
a veces menguante,
a veces llena
y otras, creciente.

Pequeña amiga desconocida,
te miro y olvido la gravedad.
Tus sombras me hablan
y creo escuchar sus palabras,
llenas de ausencia,
de tanta oscuridad,
de tantos conjuros.

Tus sombras condensan el llanto,
los gritos de quienes, como yo,
te hablan sin creer que serán oídos.

Pequeña amiga desconocida,
que brillas con luz ajena,
guardiana secreta de mis constantes desvelos,
renuevo contigo este pacto ajeno:
hablarte sin que me escuches
y escucharte sin que me hables.

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