Viaje Autobiográfico
Nací un 24 de julio en Villa el Salvador;
un distrito empolvado de esperanzas y valor.
No tuve cuna de oro, viví entre cuatro esteras;
Las mismas que me enseñaron a valorar la pobreza.
Mi juguete preferido, era un carro de madera,
Construido por mi padre; Un hombre sin realeza,
Pero con un corazón, noble y sencillo;
Fuerte como el roble ante el río.
Al crecer, la vida tomó diversas maneras,
La inocencia se alejó de mí, volviéndose quimera;
Como aquel pasatiempo de encontrar estrellas,
O dibujar entre nube y nube siluetas.
Luego vino el primer amor; que en vez de amor trajo dolor,
Conocí la decepción de ver pasar los años bajo el sol.
Sufrí la separación que decidieron mis padres
Y también, luego alegrías que murieron de alzhaimer.
Terminé la primaria y secundaria casi arrastras,
En un colegio estatal donde tejí grandes hazañas;
Donde mi primera canción sonó a desesperanza,
Y donde un par de mujercitas me inspiraban a cantarla.
Hoy que aún no me llega el ocaso, pero que es casi tarde,
sigo cargando la misma maleta que de niño gestaba
sueños, fantasías, logros, letras, temores y arte,
Todo aquello que a diario me invitan a disfrutar de éste mágico viaje.
un distrito empolvado de esperanzas y valor.
No tuve cuna de oro, viví entre cuatro esteras;
Las mismas que me enseñaron a valorar la pobreza.
Mi juguete preferido, era un carro de madera,
Construido por mi padre; Un hombre sin realeza,
Pero con un corazón, noble y sencillo;
Fuerte como el roble ante el río.
Al crecer, la vida tomó diversas maneras,
La inocencia se alejó de mí, volviéndose quimera;
Como aquel pasatiempo de encontrar estrellas,
O dibujar entre nube y nube siluetas.
Luego vino el primer amor; que en vez de amor trajo dolor,
Conocí la decepción de ver pasar los años bajo el sol.
Sufrí la separación que decidieron mis padres
Y también, luego alegrías que murieron de alzhaimer.
Terminé la primaria y secundaria casi arrastras,
En un colegio estatal donde tejí grandes hazañas;
Donde mi primera canción sonó a desesperanza,
Y donde un par de mujercitas me inspiraban a cantarla.
Hoy que aún no me llega el ocaso, pero que es casi tarde,
sigo cargando la misma maleta que de niño gestaba
sueños, fantasías, logros, letras, temores y arte,
Todo aquello que a diario me invitan a disfrutar de éste mágico viaje.
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