A ella
Regalo de cielo que no valoré,
Agua que saciaba mi corazón sediento,
Sombra en el desierto, sol en el invierno.
Ya no está; pero no la olvidé.
Lleva en sus labios miel del panal,
En sus manos bálsamas caricias;
Sus ojos te brindan sinceridad,
Y su belleza es el reflejo de su alma.
La perdí y no lo creo, porque aún la amo; como ayer,
Pues está en todas las partículas del viento,
En el aroma de flores que trae su piel,
Y en mi respiro al inhalar su recuerdo.
Solo ella, supo volver mis mañanas intensas;
Borrando tristezas, calmando penumbras.
Ella fue mi milagro en tiempos de espera,
Por eso mis letras la acarician con ternura.
Ella construía con amor nuestro futuro,
Cambiaba cualquier desazón con una caricia,
Ella fue de mi voz; el más dulce susurro
Cómo olvidar por eso, su incomparable sonrisa.
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