Carta
Al leer la presente, tal vez no entiendas el motivo
de por qué tomé la decisión que aquí escribo.
Y es que llevo en mí tanto que no sé describir,
una bulla silenciosa que perturba mis sentidos.
Al comenzar la relación todo era distinto:
al amor y a la razón solíamos unirlos.
Tus sorpresas repentinas saciaban mi alegría,
y juramos ante un altar amarnos toda la vida.
Todo estaba bien, hasta hace un año…
me oías si tenía algún reclamo.
Los domingos por la mañana salíamos a pasear
y andábamos descalzos en la orilla del mar.
Pero cambiaste de trabajo por una mejor economía,
alejándote de mí y de nuestros sueños,
aquellos que nos dieron fuerza en tiempos de desierto,
y se ausentaron las caricias, contagiadas de rutina.
Ya hace mucho ni cruzamos miradas,
y los días han tornado el hotel en nuestra morada.
Tú te acuestas agotado sin siquiera un buenas noches,
y yo finjo dormir, ocultando mil reproches.
Pero hoy esto se acaba. Sé que estaremos mejor los dos,
y no quiero que te sientas culpable por mi decisión.
Solo antes de partir quise dejarte esta nota:
“TE AMO TANTO… PERO ME SIENTO TAN SOLA”.
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