Unos segundos de ti
Cerré los ojos unos segundos;
y cuando lo abrí…
Tu mirada penetrante, con la calidez de sol,
se estampó a quema-ropa en mis ojos.
Unas manos suaves como el tisú
se amalgamaron a mi piel de otoño;
Lo demás, no lo recuerdo.
Me volví medio sordo;
me volví medio ciego.
Y en mi sordera auditiva,
y en mi ceguera visual;
Te oí y también te vi,
Y me enamoré de poder verte y oír.
Me enamoré de los segundos de tu risa,
de mis ausencias, acompañadas con tu melancolía.
Me aletargué con la luz que desprendía de tu ser.
Y aún medio ciego y medio sordo,
me enamoré de escucharte y de poderte ver.