Amor esquizofrénico


Yo la quería, tanto, un poco mas que a mi mismo. Hasta que ella decidió no quererme
y rompió mis sueños, yo la quería como se quiere una rosa en primavera o como
anhelas el sol cuando el frio te hiela.
Fue mi cuerpo su guarida y el suyo mi pecado favorito.
Pero como todo termina y cuando se acaban las letras del poema o del cuento uno
comprende el inicio.
Mi calendario aumentó días por ella, juntos solíamos consumir la tristeza del otro,
Juntos fuimos uno, juntos fuimos dueños, cómplices y testigos sin tregua.
Esos juntos que antes escribían mis letras, hoy suenan a ninguno.
El amor se le cayó en el camino, y olvidó echarme con él.
O tal vez lo hizo y yo ni cuenta me di cuándo fue.
Ya es tarde para arrepentimientos, aunque es mejor pedir perdón que decir: aquí nada
pasó.
Quizá nunca estuvimos hechos el uno para el otro, quizá fuimos dos locos, llamando
amor a algo parecido. Pero sigo pensando que yo la quería, de todas las maneras que
existen, con locura y con calma, con ternura y con rabia, con veranos e inviernos, con
mis cielos e infiernos. Y si no fue amor, quién puede decirlo, si todos llaman amor al
dulce de lo prohibido.
Y ahora estoy sin ella, como este noviembre extraño sin primavera. Y trato de escribir
algo que sirva de consuelo para tapar su ausencia, o por lo menos que intente aquietar
mi pena. Y si escribo en verso, es sólo por que ella me enseñó a hacerlo. Ella que
tenía el alma como la aurora aun en tiempos de desvelos. Ella que encendió la ternura
de lo indescriptible, que hizo de mi corazón, un castillo de acero que ahora está en
declive.
Yo la quería tanto, que si me consumía con sus heridas, era sólo culpa mía,
Y la quería no sólo por así lo sentía, yo decidí quererla desde aquel mediodía, que la
encontré vendiendo besos a huéspedes pasajeros de la lujuria sin pudor,
Yo la quería porque me acostumbré a hacerla mía, aunque eso era mi mentira.
Pero igual la quise, y quise que fuera feliz mientras duraba lo que sentía.
Pero ella decidió escaparse de mí, para volver a lo acostumbrado de su rutina,
despreció mi amor, mi ternura y mi abrigo por unos cuantos centavos.
Quizá no la quise lo suficiente, o como ella esperaba que lo hiciera.
Y así se fue, yo quedé, con mis letras y su ausencia.
Envejeciendo al tiempo con tantas preguntas, con un cumulo de dudas inconclusas y
realidades ficticias. Esquizofrénico deudor de mis propias mentiras.
Voy malgasto el calendario, creando poesías abstractas que golpean la herida,
Masoquista de profesión que rosa la cursilería de las letras, recordando ese amor
esquizofrénico de mis pasados días. Y vuelvo a ser él de antes, él que era sin ella, un
tipo sin agallas, un loco sin inspiración y un cuento sin princesa.


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