Seguiré
Aunque ya no exista quien lea mis poemas, seguiré escribiendo;
aunque la musa de mis versos no me quiera, seguiré escribiendo.
Aunque mis ojos dejen de mirar el sol, seguiré escribiendo,
porque ni siquiera la ceguera impedirá que escriba lo que siento.
Y si me cortan las manos, en mi mente seguiré escribiendo,
seguiré tejiendo historias, quizá las mías o las de alguien más.
Porque aunque las letras se apaguen y se extingan las ideas,
me encerraré en un cuarto y seguiré escribiendo.
Y el día que me muera, mi historia terminará;
dirán: “¿Qué fue de aquel que murió escribiendo?”
O quizá ni un gato llegue a recordarme,
pero de algo estoy seguro: moriré escribiendo.
No, no soy poeta como Pablo Neruda o César Vallejo,
y tampoco hace falta serlo para decir lo que siento,
porque basta un lápiz y un papel en blanco
para escribir un “te quiero” o quizá un “te aborrezco”.
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