Paloma herida
Disfruté de tus
furtivas sonrisas, que terminaron en sufrir,
de tus primaveras, que jamás supieron cuándo llegó su fin.
Disfruté de tus manos infinitas, antes cálidas y vivas,
hoy cautivas del invierno que dejaron tus heridas.
Bebí de tu cactus,
que se secó en otros suelos,
de aquel maná exquisito que brotaba de tu cuerpo,
del cual ya no queda nada, pues decidiste dejarme,
ignorando que sin agua tampoco sobrevive el ave.
Pero te fuiste y
compartiste tus placeres con otros,
sin notar que terminarían hundiéndote en sollozos.
Y volviste a quedarte sola, nuevamente sola,
sola como un delfín perdido en un mar sin olas.
Y pensar que durante
años disfruté toda tu miel,
pues yo era aquel panal que abandonaste al ayer.
Y hoy regresas de nuevo aquí, mi paloma herida,
y te doy de beber, apagando mi agonía.
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