Elegía del solitario
¡¡No te vayas,
sirenita, hacia otros mares!!
¡¡No te vayas, amor mío, hacia otros lugares!!
Te esperan tiburones al acecho,
y al querer volver quizá no encuentres mi lecho.
¡No huyas, mariposa,
de tu nido!,
aún tus alas no conocen el abismo.
No marches por caminos desconocidos,
donde la miel termina envenenando el olvido.
¡Ven a mí, inquieto
corazón aventurero!,
hambriento de placeres fugaces y sin frenos.
Descubre en mí el calor del sol en el invierno
y la magia de vivir sin sobrevivir a medias.
Y me gritas un adiós
tan lejano como el cielo,
tan cobarde como los guerreros de mis miedos,
aun sabiendo que muero con cada letra de tu adiós,
y no das marcha atrás mientras se extingue mi voz:
¡¡No te vayas,
sirenita, hacia otros mares!!
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