Que Alguien Me Diga
Que alguien me diga:
¿por qué el miedo se ríe por mi calle?
¿Por qué los niños ya no juegan libres en los parques?
¿Por qué tantos caminan sin mirar que, a sus costados,
hay madres pidiendo ayuda para hijos desamparados?
Que alguien me diga:
¿dónde se escondió la justicia fugitiva,
la que reclaman a gritos las víctimas del terrorismo?
La que vaga agonizante entre el dinero y el poder
de aquel que, por tener riqueza, todo lo puede obtener.
Que alguien me diga:
¿qué hay de aquellas mujeres ultrajadas,
si las cicatrices siguen abiertas en sus almas?
Porque a veces el pasado pesa más que el presente,
y basta un recuerdo para desangrar la mente.
Que alguien me diga:
¿en qué suburbio habita la alegría,
aquella que perdieron niños y mujeres algún día?
Aquella que podríamos revivir con una simple sonrisa
y que asesinamos a diario con la indiferencia de nuestras vidas.
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