Sueños extraños pt 2 Abducido
Mi nombre es Andy Ventura Sánchez y tengo 30 años.
Vivo en Villa El Salvador, Lima, Perú, a espaldas de la playa Conchán, aproximadamente a quinientos metros de la falda del cerro.
Hoy tuve una experiencia que me ha dejado profundamente pensativo.
Últimamente estoy soñando cosas muy extrañas. Lo más inquietante es que, al despertar, no se sienten como sueños, sino como si fueran recuerdos. Recuerdos de algo que realmente viví.
Hoy me dormí alrededor de las doce de la madrugada. Solo recuerdo que, antes de que comenzara el sueño, un sonido agudo entró en mis oídos. Era como un leve zumbido que poco a poco fue haciéndose más intenso.
Entonces sentí que me elevaba.
No sentía que se elevara mi cuerpo, sino algo dentro de mí. Como si mi espíritu estuviera ascendiendo mientras mi cuerpo permanecía abajo. El sonido continuaba y, a medida que me elevaba, comenzó a parecerse al sonido que uno imagina cuando algo atraviesa el espacio a gran velocidad.
Después apareció una imagen en mi mente.
Estaba en una especie de quirófano. Me encontraba echado boca arriba sobre una superficie metálica que, más que una cama de hospital, se parecía a esas camillas donde colocan a los muertos en las morgues que aparecen en las películas.
A mi lado había dos seres.
Eran de una estatura mediana, quizá alrededor de un metro ochenta, y sus cuerpos tenían tonalidades grisáceas. No podía distinguirlos completamente. Solo alcanzaba a ver sus siluetas de reojo mientras permanecía inmóvil sobre aquella superficie.
Entonces comenzaron a hacerme algo.
No sé exactamente qué era, pero empecé a sentir dolor en la zona del diafragma, entre las costillas. Sentía como si me estuvieran cortando, como si estuviera siendo sometido a una operación.
El dolor se sentía real.
Y también lo era el miedo.
En medio de aquella experiencia, mi instinto, condicionado por mi educación religiosa, me llevó a pronunciar mentalmente el nombre de Dios: Yahveh, a quien conocemos como Jehová.
Mi pensamiento fue dirigido hacia ellos:
«Yo pertenezco a Yahveh».
Los escuchaba hablar entre ellos, pero no podía entender lo que decían.
Y, de pronto, abrí los ojos.
Estaba en mi habitación, echado boca arriba.
Lo primero que pensé fue que había sido un sueño.
Pero había algo que me inquietaba.
Yo nunca duermo en esa posición.
Y, además, sentía dolor exactamente en el mismo lugar donde, segundos antes, había sentido que aquellos seres me estaban operando.
Sentía un frío interno. No era simplemente frío físico. Era una sensación que parecía venir desde dentro de mí.
Estaba aterrorizado.
Pero, al mismo tiempo, necesitaba saber qué había ocurrido.
Entonces pensé que, si aquello había sucedido realmente, quizá todavía había alguien observándome.
Miré mi celular.
Eran aproximadamente las 2:35 de la madrugada.
Me quedé pensando unos instantes y, mentalmente, como si estuviera hablándoles, dije:
«Si esto realmente fue una experiencia paranormal o extraterrestre, manifiéstense de alguna manera».
No pasó ni un minuto.
Entonces escuché algo sobre el techo de fibrafort de mi habitación, que se encuentra en el segundo piso de mi casa.
Fue como si un animal hubiera saltado sobre el techo.
Por el sonido de las pisadas, pensé inmediatamente que podía tratarse de un gato. Al menos, eso fue lo que mi mente interpretó.
El sonido avanzó por el techo hasta quedar justamente a la altura de mi cabeza.
Entonces se detuvo.
Sentí que aquello se había quedado quieto allí, como si el animal se hubiera sentado o simplemente se hubiera posado sobre el techo.
Permaneció así durante varios minutos.
Cinco, quizá.
Yo seguía inmóvil, escuchando.
Después, se fue.
Y nuevamente quedó todo en silencio.
No sé qué fue lo que experimenté aquella noche.
No sé si fue un sueño, una experiencia entre el sueño y la vigilia, una percepción producida por mi propia mente o algo para lo que todavía no encuentro una explicación.
Solo sé que, cuando abrí los ojos, el miedo era real.
El dolor estaba en el mismo lugar.
Y aquello que escuché sobre mi techo ocurrió inmediatamente después de haberlo pedido.
Quizá todo tuvo una explicación sencilla.
O quizá no.
Pero desde aquella noche, cada vez que vuelvo a pensar en lo ocurrido, hay una pregunta que permanece conmigo:
¿Qué fue realmente lo que viví?
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