Mi Insomnio lleva tu nombre
El insomnio no me deja dormir. Doy vueltas en la cama. Prendo la TV, hago zapping… no encuentro nada. La apago.
Pienso en ti. En tu silueta dibujada en el lado derecho de mi cama. Y te imagino pidiéndome que te ayude a desvestirte, que te abrace antes de dormir.
Una lágrima tras otra humedecen mis ojos. No puedo evitarlo. Es otra noche sin ti, y mi alma lo sabe; mi cuerpo lo confirma cuando el frío de la noche lo roza.
No es suficiente verte solo un par de horas al día, para luego despedirnos y volver a mi rutina vacía… sin tu presencia.
“¿Qué puedo hacer conmigo?” me pregunto.
Si estaba tan acostumbrado a llenar mi soledad de ti, de tu sonrisa.
Ahora que te fuiste con tus cosas, no puedo sostenerme ni a mí mismo. Mis culpas y mis pensamientos están destruyendo mis noches.
Te amo —te digo mirando el espacio intacto que solías ocupar—. Y hablo como un niño, como te gustaba.
Pero es inútil. No estás. No me escuchas.
Soy un manojo de lágrimas que se ahoga abrazando lo poco que quedó de ti.
Si me vieras sin darme cuenta, entenderías lo patético que me vuelvo hablando solo. Pero también comprenderías que nada puede ocupar, ni ocupará, tu espacio.
Y que siento tanto… cada vez que en esta misma habitación ignoré tu presencia.
Esta noche, en la que mi insomnio lleva tu nombre, mi corazón, mi cuerpo y todo lo que soy tienen más de ti que de mí mismo.
Ahora los recuerdos juegan con mi mente y me devuelven a los primeros días, cuando fingíamos no sentir amor.
Extraño esos días.
Ahora sí… apagaré las luces e intentaré dormir.
Gracias por escucharme, donde sea que estés.
Te amo.
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