En fragmentos
Pequeña mía, me voy lejos de ti, donde el silencio abriga,
donde nuestros sueños, asfixiados por mí, no huelan a agonía.
Donde tú seas el mejor de mis recuerdos en ese lugar
que ya no nos verá besarnos, escondiéndonos de los demás.
Pequeña, me voy a donde mi voz no te alcance una vez más,
donde los planes no abran surcos que no lleguen a realizarse.
Me voy, porque a veces irse es menos cruel que quedarse,
abrazando lo incierto, diciendo te quiero en inviernos que no terminan.
Sigue con tu vida, con esa sonrisa que inundaba mi soledad
de fantasías que ya no volverán a despertar.
Porque me voy sin sonrisas, sin fantasías y sin ti;
solo conmigo… o con lo poco que queda de mí.
Pequeña, si algún día tu mente te juega una mala pasada
y mi imagen se instala en las paredes de tu alma,
solo sonríe; así se recuerda
lo que supo ser tristeza y felicidad al mismo tiempo.
Yo, por mi parte, pensaré en ti con alguna canción en la
radio,
y no solo en lo que fuimos a solas,
sino en lo que me enseñaste a ser a puertas abiertas,
y en la forma en que me mostraste a respirar tu libertad.
Y si de pronto quisiera sentir tu piel, me desnudaré,
pero esta vez en letras, para volver a encontrarte como ayer.
No te prometo volver, porque las promesas sobran
en las despedidas donde ya no hay nada que retener.
Ya me voy despidiendo, con esta carta de agradecimiento,
y es extraño verme llorar al escribirte estos versos,
sobre todo porque soy yo el que se va sin entender del todo por qué;
pero llorar también es una forma de admitir lo importante que aún eres para mí.
Aunque repetirlo parezca redundar en lo mismo,
sabrás que las palabras que más se repiten, incluso en susurro,
son aquellas que cargan verdades desahogadas,
verdades que no caben ni debajo del alma.
Te dejo estas letras, mis canciones en fragmentos,
intentando explicarte este miedo que siento
de no saber qué pasará después de que me vaya,
pero te dejo mi inspiración… para que hagas con ella lo que quieras.
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