La cuenca

Antes de ti, creo que mi alma dormía
en el silente ruido de un ayer estéril,
que, mientras te esperaba, fue gastando besos y veranos
que hoy me destierran como un sueño cansado de sufrir.

Y te vestí en mi mente antes de que aparecieras,
con besos infinitos y caricias que parecían mariposas.

Te perfumé de futuro,
como una profecía que apenas asoma su destino a pasos largos.

Mientras tanto, aprendía a engañar a la herida
con alegrías prestadas, con sonrisas que no eran mías,
hasta que apareció tu alma
cargando entre sus brazos la forma más pura de felicidad.

Y hoy eres la cuenca madre de todas las fantasías
que mis años habían dejado en silencio.

Y, sin embargo, no entiendes
que todo cobró sentido por ti,
incluso lo más amargo que tuve que beber.

Y aun así, te vuelves imprecisa en mi presente,
escapando de las huellas de mis dedos
que todavía insisten en encontrarte.

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